Posteado por: Wambo | 13/02/2013

Ascensor para el cadalso (Ascenseur pour l’échafaud, 1958)


Ascensor para el cadalso es una película de cine negro a la francesa: bien pasional, con un trasfondo romanticón pero a la vez cruda. Se trata de dos amantes y un crimen por amor; de dos novios y un crimen por error; de un ascensor que se detiene y de un auto que es robado; de un astuto policía; de suplantación de identidad y de una búsqueda frenética. De todo eso y algo más…

Atrapado en el ascensor.

Julien atrapado en el ascensor.

Podría decirse que la película está compuesta por tres historias que simulan ser hebras y un policía que se encargará de trenzarlas. La primera cuenta sobre dos amantes que planean liberarse de una carga: el marido de ella y a la vez jefe de él. Para lograrlo, Julien Tavernier deberá actuar con extremada cautela para armar la coartada perfecta ¿pero qué pasaría si el ascensor se detuviera y quedase encerrado en el lugar del crimen?

La segunda sucede no muy lejos de allí, en la calle. A Julien se le quedó el auto con el motor andando. Una pareja de jóvenes enamorados se da cuenta y terminan finalmente por robárselo. Se trata de Louis y Véronique: él, un rebelde e impulsivo muchacho; y ella, una dulce y modesta muchachita.

Lo que parecería ser una escapada rápida termina por alargarse demasiado, porque rápidamente encuentran los objetos personales de Julien; y de ahí a hacerse pasar por él sólo basta ponerse su abrigo y acelerar.

La rebeldía y un impulso adolescente.

La rebeldía y un impulso adolescente.

Durante esta linea de acción, se intenta vivir el Carpe diem como premisa;  es decir, vamos a la vida que todo se termina, que el auto está andando y hay bencina que gastar.

Tenemos por un lado a un Louis  al que nada le importa demasiado y a Véronique, la típica chica siempre prudente y temerosa a la que le gustan los chicos malos.

Destaca el contraste con la primera parte de la trama. Mientras Julien Tavernier se encuentra atrapado sin moverse a  gusto y apenas con espacio para fumarse un cigarillo, aquí es justo al revés: velocidad, huida, viento al rostro. Libertad de acción para un impostor que no tiene asco en manchar el nombre del que se apropió.

Y mientras todo pasa, mientras Julien se encuentra atrapado y un falso Julien (Louis) va dejando pistas falsas por la ciudad de su paradero, la Señora Florence Carala deambula en su búsqueda. Tiene que encontrar a quien mató a su marido y lo tiene que encontrar porque lo ama. Lo ama demasiado.

La atmósfera que se arma aquí está teñida de desconsuelo e incredulidad. En parte debido a un tan perfecto mal entendido que está apunto de hacerse verdad y en parte a ese nuevo sentimiento de abandono: se está quedando sola. Sin pan ni pedazo.

Desesperada busca a su amor, Julien.

Desesperada busca a su amor, Julien.

Teniendo ya las tres hebras -y como buena película de crimen y drama- será un inspector quien se encargará de entrelazarlas el cual, como la gran mayoría de las veces, resulta ser un implacable detective tremendamente perspicaz que sabe que si estas tres hebras se trenzan como es debido, podrían dar forma a la mejor de las sogas para ahorcar a un fugitivo criminal.

Miles Davis y su trompeta creadora de climas

Dice la leyenda que Miles Davis habría grabado la música para la película en tan solo una noche (de 23:00 a 5 am) junto a un cuarteto de músicos franceses, improvisando cada número y bebiendo champán de vez en cuando en la compañía de Jeanne Moreau (quien encarna a la Señora Carala) y el mismísimo director de la cinta Louis Malle.

El resultado de esa noche de jazz es simplemente alucinante: climas lúgubres, penumbrosos, negros; que en definitiva lo que logra Davis  es empapar cada instante con un matiz grisáceo de trompeta que funciona con perfecta sincronía para acentuar esa atmósfera de cine negro con música que invita a una constante inquietud.

Jeanne Moreau junto a Miles Davis.

Jeanne Moreau junto a Miles Davis.

Hace mucho tiempo que no daba con una película tan notable. Un familiar que vive en Holanda me la recomendó desde la distancia. Me llamó por teléfono y me dijo que era buenísima, que tenía que verla, que Miles Davis, y todo eso. Así que para terminar tengo que decir que teniai razón.

 Ojo con: el Mercedes Benz, la cámara fotográfica, la cuerda y con la música de Miles Davis.

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