Posteado por: Wambo | 06/09/2012

Il sorpasso (1962)


Nuestros protagonistas: Roberto y Bruno en la carretera.

Roma, 15 de agosto: Ferragosto. Bruno, un gozador de la vida, trata de conseguir un teléfono para hacer una llamada pero Roma está totalmente paralizada a causa de un feriado. Sin importarle demasiado -y por azares de la vida- conoce a Roberto, un joven universitario que cursa la carrera de Derecho, quien le prestará su teléfono. Aquí su primer error o su primer acierto. Bruno agradecido lo invitará a dar un paseo en su auto sin rumbo aparente, y él sin saber cómo negarse sin ser descortés, terminará por aceptar.

Bruno (Vittorio Gassman)

Se trata de un cincuentón despreocupado lleno de vitalidad que no se calla nunca. Que disfruta cada instante y le gusta manejar. Nunca piensa en el mañana. Nunca piensa mucho. Es alegre, festivo, espontáneo, confianzudo, simpático. Fácilmente cautiva a los que le rodean y cae bien de inmediato. Bruno, digámoslo así, es el típico hombre que vive de lo prestado. Del “mañana te lo pago”, “te debo, no te olvides de cobrarme” y frases por el estilo.

La gente amargada lo calificaría de oportunista, aprovechador, mala junta, inmaduro, hedonista, irresponsable. Algo de razón tienen. Pero solo algo. Lo cierto es que Bruno logra otro trato con las personas que aparentan ser ariscas, serias y reservadas. Se los mete al bolsillo rápido y logra que se encariñen de él.

Roberto (Jean-Louis Trintignant)

Vive solo en Roma y se prepara para rendir los exámenes finales de la carrera de Derecho. Está enamorado platónicamente de su vecina Valeria con la cual solo ha hablado en una ocasión. Roberto es de personalidad tímida y reservada; es lo opuesto a Bruno: prudente, cohibido, respetuoso, callado. Un joven formal que aspira a seguir siendo formal.

Bruno haciendo la Mano cornuta, un gesto típico de “vállanse al diablo”

Pero todo podría cambiar en cuanto se suba al auto porque Bruno se encargará de darle una cátedra del buen vivir que no olvidará jamás. Una lección de cómo disfrutar de la vida. A cerrar los libros por un rato y pasarlo bien. A dejar de aparentar y comenzar a ser espontáneo. A perder la timidez, en dejar la vergüenza de lado. A confiar en un extraño que conoció por azar y dejarse llevar. Viajarán al ritmo de Bruno y se detendrán de cuando en cuando (toda vez muy entretenida) en la carretera o en una bomba de bencina. Irán a ver a los parientes de Roberto y finalmente llegarán a un pueblo que resultó ser muy familiar para uno de los dos.

Dialéctica de los opuestos sobre cuatro ruedas

Veamos: Bruno, extrovertido; Roberto, introvertido. Parlanchín uno, callado el otro; decidido, tímido; aventurero, prudente; oportunista, altruista;  imprudente, sensato; alocado, cuerdo; desmedido, sobrio; conductor, copiloto; mujeriego, romántico; viejo, joven… ¿viejo, joven? no: joven y viejo. Y así, todo tipo de calificativos van surgiendo a medida que el acelerador los aleja de Roma. Pero dejémoslo en claro: la idea no es lograr un equilibro. No. Ahí no está la gracia, sino que se imponga el color por sobre el blanco y negro. Lo embriagador por sobre lo sedante. La vehemencia por sobre lo sosegado…  y he ahí, el fino acto de distinción de la película.

Il sorpasso, il sorpasso…

Il sorpasso es una película entretenida, ágil, atrapante. Il sorpasso es un viaje, una huida, un paseo. Un viaje al desenfreno, una huida de las responsabilidades, un paseo que parece no tener término. Todo al alcance del volante. Il sorpasso es de esas películas que no dan ganas de ponerle pausa y que de pasada invitan a reflexionar sobre cómo uno está llevando sus instantes. Funciona perfectamente como una invitación a salir de la rutina. A ser responsable en lo que respecta a que también debemos pasarlo bien durante nuestra vida. No sólo trabajar, no sólo estudiar, no sólo quedarse en casa. Definitivamente, estamos frente a una de mejores películas de Dino Risi con la impecable pero impecable actuación de Vittorio Gassman que no pareciera estar actuando demasiado. Sobre ello pienso que Gassman es así por naturaleza. Que no le costó nada encarnar a Bruno y que seguramente lo disfrutó tanto que debió quedarse pegado en el papel por un buen tiempo.

TRAILER

Lo que te deja esta película es eso: arráncate por un día y no vuelvas por un rato. Pásalo bien y luego veremos. Total, un días más, un día menos, no se nota. Y otra cosa: el bocinazo característico de Bruno. Seguro pero seguro que cuando estés ansioso manejando o en un taco, o quién sabe en qué, lo tocarás. Es muy contagioso y quien sabe… quizás  alguien lo oiga, lo identifique y te responda de la misma manera haciéndote un simpático guiño.

Ojo con: el letrero que lleva en el auto, el bocinazo característico, en la idea de Derecho espacial, la música y muy especialmente en lo que respecta a las tumbas etruscas y al monte Fumaiolo.

Y advertido queda: un final completamente inesperado.

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