Posteado por: Wambo | 20/08/2012

ESPECIAL SANFIC: Tyrannosaur (2011)


Con motivo del Festival Internacional de Cine de Santiago (SANFIC) decidí volver a ver películas fuera de mi pieza. Llevo dos: Tabú (Miguel Gomes, 2012), una cinta portuguesa algo elegante, algo confusa. A ratos silenciosa, a ratos intensa. De Blanco y negro en su totalidad: desde los tonos hasta cada instante. Cada recuerdo, cada añoranza; un recurso que más que desteñir, tiñe, pero confunde y desordena. O digámoslo de otra manera: dificulta seguirla. Una comprensión clara.

Tabú. Los amantes en África.

Trata medularmente del recuerdo de un amor prohibido ocurrido en África. De una vieja moribunda y ludópata que vivió intensamente esa experiencia y que hoy pareciera hablar puras incoherencias acerca, entre otras cosas, de un cocodrilo. Su empleada la considera loca y la ignora. Pero cuando muere aparece un hombre. El hombre de su vida que por medio de sus recuerdos más profundos mostrará al espectador que cierto cocodrilo no era imaginario y que la pasión de antaño tuvo un costo imposible de pagar. Si bien me gustó esta apuesta portuguesa, no me mató. Con un 5 todos contentos porque filmar la colorida África de tierra rojiza y abundante follaje verde en blanco y negro es de mal gusto. Y por qué no, un sacrilegio.

Pero hablemos de la otra: de Tyranossaur (Paddy Considine, 2011) Con ésta aluciné. No esperaba tanto de una película de Festival. Realmente notable. Vamos a ella.

Tyrannosaur. Joseph: rudo, desafiante y de cara de “pocos amigos”.

Dos personajes: Joseph, un alcohólico impulsivo, violento, viudo. Un pobre diablo conflictivo que no se controla. Es de ese tipo de personas que son hirientes, directos. Que ladran. Les cuesta entablar una conversación. Hannah en cambio es una mujer muy religiosa, casada, caritativa pero que también esconde una realidad muy cruda: no puede tener hijos y su marido le maltrata.

La historia gira en torno a ellos. Se conocen y mantienen una extraña relación. Una extraña dependencia. Cierta complicidad que a ratos pareciera frágil, pero no es una historia de amor. No. Eso no. Ciertos aires románticos tampoco. No. Nada de eso. Dejémoslo en simpatía y afecto. Estimación si se le quiere; o compasión también funciona como etiqueta. Pero no amor. De eso no se trata. ¿Entonces?

Violencia. es un elemento interesante y que se sostiene durante toda la película lo que la hace muy cruda al sugerir humillación, desolación, dolor. La violencia le da ese toque que captura. Que termina por involucrarte con Joseph y Hannah. Es en definitiva la savia de la película: fluye constantemente y la nutre para que no se marchite. Aclaremos que no llega a ser sádica. No llega a ser gore. Sí fuerte. Sí impactante; como una forma de denuncia funciona a la perfección.

Pero además de cruda también cuenta con humor. Con humor claro que del negro y muy bien dosificado. Cuando lo hay te hace gracia y no distrae. Seguro que termina en sonrisa. Seguro.

En definitiva, Tyranossaur es una película que volvería ver. Se ganó mis aplausos, se ganó mis respetos y se ganó mi voto para el premio del público. Si bien la música la encontré algo “penca”, el carácter de Joseph termina por conquistar. Recomendada 100%

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