Posteado por: Wambo | 25/12/2011

Un condenado a muerte se escapa (Un condamné à mort s’est échappé),1956


La película en si es tranquila, pausada; un relato vivencial que se va construyendo mediante el protagonista va repasando su pasado (en parte mediante voz en off). Digamos que es contada con calma pero sin pecar en tomarse todo el tiempo del mundo. No. Por eso evito calificarla de lenta porque en definitiva no lo es. Se trata de un proceso, de toda una maquinación que debe ser leída a un ritmo acorde y que no canse.

Sobre la historia, un joven francés es capturado por los Nazis y llevado a una cárcel en Lyon (Francia). Básicamente ocurre lo de siempre: represión, prohibiciones y todo ese tipo de aliños propios de la guerra por lo que no repararé en ello. Fontaine -así se llama nuestro hombre- presiente lo peor. Sabe que tarde o temprano será condenado a muerte. Ante esta situación decide dedicar día y noche a planificar el escape. Digámoslo así: un condenado a muerte no tiene nada que perder y Fontaine lo sabe. Y lo sabe bien. Pero no contaba con la inesperada llegada de un niño de dieciséis años a hacerle compañía. Ya no estará solo en su celda. Tendrá que pensar rápido ¿confiar o no en su nuevo compañero? porque puede ser un soplón y en ese caso… la historia comienza a ponerse interesante.

TRAILER

La trama no es nueva: un hombre que busca fugarse de la cárcel. Muchas películas se han hecho ya contando casos de presos que persiguen la libertad. Haciendo una rápida revisada se me ocurre El gran escape (con la impecable actuación de Steve McQueen), Papillon (nuevamente McQueen ahora en compañía de Dustin Hoffman), y la muy inflada Sueños de Fuga (The shawshank redemption) que actualmente es considerada la mejor película de la historia por IMDB; pero lo que hace diferente a la propuesta de Bresson es, precisamente su titulo: ya sabemos que tendrá éxito. El infeliz logra escaparse. Ahora la pregunta es cuándo y cómo porque el porqué y el dónde son siempre evidentes. En definitiva, podría ser catalogada como una más de las tantas pero propongo evitarlo. Estamos frente a una pieza delicada que vale la pena destacar porque arma cierta complicidad con el espectador.

Ojo con: los implementos que usará, los tres hombres, la cuchara y la complicidad que se crea en los baños.

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